Un Retiro para Santander

 

Propuesta de creación del

Gran Parque Bahía de Santander

 

 

El Gran Parque Bahía de Santander podría y debería ser el embrión de una gran masa estrictamente vegetal, acuática y forestal extendida en torno a la Bahía de Santander, con el objetivo irrenunciable de llegar a entroncar ese Gran Parque con las áreas de marismas en proceso de recuperación en el término municipal de El Astillero. Lo que permitiría vincularlo con la ribera oriental de la Bahía, incomparablemente mejor conservada que el resto de ella y con infinitas posibilidades para crear en ella lo que podría y debería llegar a ser uno de los Parques más hermosos, completos y extensos aquende y allende nuestras fronteras. Por otra parte y desde El Astillero, el Gran Parque Bahía de Santander podría entroncar con la vía verde que desde esa población se extiende hasta la localidad de Ontaneda.

 

El arranque o inicio del proyectado Gran Parque o Arco Verde en torno a la Bahía de Santander, debería ser el Parque de la Vaguada de las Llamas, en proceso de gestación, buscando su entronque con el Parque de Peñacastillo-Remonta-Morales que en este escrito se diseña por vez primera. Desde éste y en ulteriores actuaciones, se iría prolongando esa franja forestal en torno a la Bahía, con la vista puesta en legar a las generaciones futuras la posibilidad de llegar a completar ese gran Arco Verde que llegue a cenirla en su totalidad.

 

La ciudad de Santander tiene pues, ante sí, la última posibilidad de contar con un Parque digno de tal nombre. La ciudad de Santander tiene ante sí la posibilidad de paliar, aunque sea en ínfima medida, el caos que ha supuesto su desordenado desarrollo urbanístico. La Ciudad y la Bahía de Santander tienen ante sí la última posibilidad de llegar a contar con un amplio espacio de recreo y esparcimiento, similar al que a gran escala y pensando en convertir a la ciudad en un importante foco de atracción turística, podría haber sido todo el entorno de la Bahía, si no se hubiera cometido el error de convertir en área industrial y de servicios una zona de extraordinaria belleza paisajística y con unas posibilidades incalculables a efectos de explotación turística de sus humedales, praderas, lomas y colinas.

 

Reconocida como una de las ciudades urbanísticamente peor concebidas de España y marcada además por el estigma que supone la ínfima calidad de la mayor parte de las viviendas que se han edificado en ella a lo largo de los dos últimos tercios del pasado siglo, la ciudad de Santander tiene ante sí la posibilidad de enriquecer notablemente su Patrimonio Urbano, mediante la creación de un gran Parque que, sabiamente concebido, puede convertirse en un importante aliciente turístico, amén de en un atractivo espacio de recreo y en un necesario pulmón para la ciudad y su cinturón industrial.

 

Es evidente para todos que el crecimiento de la ciudad de Santander en torno a su Bahía, va a constituir una constante a lo largo de la presente centuria, haciendo buenas las previsiones de los Centros Comerciales que, clarividentemente, han tomado posiciones en lo que es la zona de crecimiento natural de la ciudad. Lo que hace todavía más necesario pensar en la creación de un amplio espacio verde que satisfaga las necesidades de la población actual, contemplando y cubriendo también las de la población futura. Porque tanto el Ayuntamiento de Santander como el Gobierno Regional de Cantabria tienen el deber de respetar el derecho de los Santanderinos de las próximas décadas e incluso de los próximos siglos, a poder disfrutar de un único Parque, en una ciudad configurada por una sucesión interminable y bastante caótica de edificios y áreas industriales y de servicios.

 

La presente propuesta supone, pues, por una parte una iniciativa altamente enriquecedora para la ciudad de Santander y, por otra, una reflexión elevada a los poderes públicos para que no pierdan de vista que no gobiernan exclusivamente para la población que en ellos han depositado su voto y su confianza, sino también, y sobre todo, para todas las generaciones futuras que serán víctimas o beneficiarias de las decisiones que hoy se adoptan y que en algunos casos, como el presente, tienen un carácter irreversible. Porque lo que se plantea es LA SALVACIÓN DEL ÚNICO ESPACIO VERDE QUE SUBSISTE EN LA CIUDAD DE SANTANDER Y EN SU ENTORNO INMEDIATO. Lo que se plantea, pues, a las dos Administraciones que hoy gobiernan la ciudad de Santander, es que actúen con visión de futuro y que sigan el ejemplo de todas aquellas ciudades que están haciendo todo lo indecible para rodearse de un cinturón vegetal que por una parte limite su crecimiento y, por otra, ejerza de pulmón de sus aglomeraciones urbanas. El caso de Madrid es un ejemplo paradigmático de ello. O el de Buenos Aires, al haber creado el Parque Costanera Sur en el extrarradio de la ciudad, con 350 Has. De humedales y tierras protegidas, destinadas al esparcimiento de los Bonaerenses y a la acogida de numerosas especies protegidas. Algo así es lo que se reclama de los poderes públicos en el caso de la Bahía de Santander, mediante LA CREACIÓN DE UN GRAN PARQUE DE CERCA DE 300 has. CONFIGURADO POR LA UNIÓN DEL PARQUE DE MORALES, DE LA FINCA DE LA REMONTA Y DE LA SUPERFICIE ÍNTEGRA DE LO QUE HA QUEDADO DE LA ANTIGUA PEÑACASTILLO. Parque de cuya envergadura ofrece una idea el hecho de que su perímetro totalice cerca de diez kilómetros de longitud, precisándose de más de una hora y media para recorrerlo.

 

Salvedad hecha de La Magdalena, con todos los condicionantes que un Parque de esta naturaleza conlleva, dado su carácter como jardín del antiguo Palacio Real del mismo nombre, la ciudad de Santander carece de un Parque digno de esta denominación, al contar exclusivamente con un escaso número de jardines, de dimensiones por otra parte exiguas. Es el caso de los Jardines de Pereda, de Piquío, del Alcalde Mesones, de Mataleñas... o de los taludes, ajardinados, del generosamente denominado Parque de Morales o del creado recientemente en el antiguo acantilado que se asoma al terreno, ganado a la Bahía, por donde discurren las dos vías férreas. Porque bien está que en los Parques puedan existir áreas en pendiente, pero no es de recibo que la totalidad de su superficie se ajuste a esa característica, que los hace inapropiados para el paseo, nada aptos para las personas de edad avanzada y, en todos los órdenes, incómodos y nada atractivos para los ciudadanos. Lo que se verifica en la escasísima afluencia que recibe el citado Parque de Morales, frecuentado casi exclusivamente por los dueños de los perros, como espacio ideal para que defequen sus animales.

 

Ojalá que la grandeza de miras y la visión de futuro primen sobre otras consideraciones. Ojalá que no se prive a una de las Bahías más bellas y más degradadas del planeta, de la posibilidad de llegar a contar con un extenso cerco vegetal que la dignifique y que la devuelva, aunque sea en una ínfima medida, la belleza y la armonía que, a lo largo de toda la Historia, le ha caracterizado.

 

Diciembre 2004