TRIBUNAL SUPREMO

 

 

Denuncia por un delito ya consumado y continuado de prevaricación protagonizado por:

 

D. Miguel Ángel Revilla, Presidente del Gobierno Regional de Cantabria

 

y D. Javier López Marcano, Consejero de Cultura de dicho Gobierno Regional

 

y demanda de mediación del Tribunal Supremo ante un anunciado atentado contra el Patrimonio Histórico que, de consumarse, haría incurrir en delito de prevaricación a dos altos cargos del Gobierno de la Nación.

 

 

Presentada el 29 de Marzo 2005 por Jorge Mª Rivero San José (conocido como Jorge Mª Ribero-Meneses; D.N.I. 36.941.135 F), en su calidad de prehistoriador, presidente de la Fundación de Occidente y fundador y presidente de la primera Asociación de Defensa del Patrimonio Histórico-Artístico creada en España: Arte en Peligro (Barcelona, 1973)

 

 

 

1. Exposición de los hechos:

 

Por orden dimanada directamente de la Presidencia del Gobierno, el Ministro de Defensa D. José Bono viene negociando con el Gobierno de Cantabria la venta de la heredad de Campo-Jiro, propiedad de dicho Ministerio, con el fin de que el mencionado organismo autonómico edifique en ella una barriada de viviendas de protección oficial. Un proyecto que, como es común en la Comunidad de Cantabria, ha sido redactado sin que nadie se haya tomado la molestia de investigar la posible trascendencia histórica de la finca que se pretende destruir. Un predio que, como primera providencia, resulta haber sido el emplazamiento de un antiquísimo Monasterio desamortizado el siglo XIX y que tras pasar, infaustamente, a manos de la nobleza, acabaría siendo adquirido por el Estado y cedido, posteriormente, al antiguo Ministerio del Ejército.

 

Alertada por el temor de que un enclave tan extraordinario como el que ocupa la mencionada finca -sin la menor duda, el espacio más privilegiado de todo el amplio arco de la Bahía de Santander- pudiera encerrar en su seno un yacimiento arqueológico de primer orden, la Fundación de Occidente decidió emprender hace cuatro meses una investigación de urgencia con el fin de determinar el grado de verosimilitud de esas sospechas y de impedir, en el caso de que se revelasen ciertas, el que llegara a consumarse la destrucción de un yacimiento que, a tenor del privilegiado emplazamiento que ocupa, sobre una loma y a la orilla misma de la bahía santanderina, está proclamando a gritos la existencia en su subsuelo de un templo = tumba prehistórico de primerísima magnitud.

 

Los estudios que el firmante del presente escrito viene desarrollando (frenéticamente por mor del apremio que suponía el anuncio de que la construcción de las viviendas en cuestión iba a iniciarse en el pasado mes de Enero), han superado con creces todas las expectativas previas, habiendo desembocado en la certeza de que la finca santanderina de Campo-Jiro es el punto de alumbramiento de las celebérrimas y jamás localizadas Fuentes Tamáricas documentadas por Plinio en su Naturalis Historia y que, lo que es aún más importante, el subsuelo de ese hermoso predio que ha llegado virtualmente intacto hasta nosotros, guarda en sus entrañas un impresionante santuario rupestre con una antigüedad no menor a 40.000 años. Santuario que, por los datos que poseemos y que están quedando recogidos en varios libros de los que, los dos primeros, van a ver la luz de manera inmediata, fue el modelo de Altamira y de todas las grutas con pintura rupestre descubiertas hasta la fecha en el Norte de España y el Sur de Francia. Enclaves paleolíticos que, como es sobradamente conocido, constituyen las primeras manifestaciones artísticas y culturales de toda la historia de la Humanidad.

 

Advertido de cuanto antecede por varios escritos míos y por un reportaje de cuatro páginas publicado el domingo 20 de Febrero 2005 en el periódico Alerta de Santander y que se adjunta a esta documentación, el Gobierno de Cantabria, en la persona de su Presidente y principal promotor del proyecto inmobiliario, D. Miguel Ángel Revilla, y de su Consejero de Cultura, D. Javier López Marcano, ha venido haciendo caso omiso de todos los argumentos y pruebas aportados y, absolutamente indiferente a la inconmensurable importancia histórica del yacimiento referido, persiste en su empeño de destruirlo, edificando en ese lugar varios miles de viviendas que pueden y deben ser construidas en otros puntos de la ciudad ya sugeridos por el autor de la presente denuncia y en los que no se produciría daño alguno ni contra el paisaje ni contra el Patrimonio Histórico-Artístico de la que muchos reconocen ya como la región decana de la Península Ibérica.

 

La Fundación de Occidente se halla dispuesta a apelar a las más altas instancias nacionales e internacionales para impedir que se consume el que sería el más brutal atentado que se haya perpetrado contra el Patrimonio de la Humanidad. Es precisamente en el contexto de esa determinación en el que se sitúa la decisión de poner todos estos hechos en conocimiento del Tribunal Supremo, con el fin de que éste se pronuncie al respecto y trate de disuadir al Gobierno de Cantabria de seguir adelante con su proyecto inmobiliario. Todo ello, en espera de que especialistas de reconocida solvencia y que no figuren en la nómina de ese gobierno regional, contando con el concurso del autor de este descubrimiento, lleven a cabo los trabajos de exploración y de perforación que sean necesarios, con el fin de localizar el santuario rupestre consagrado por nuestros antepasados en el punto de alumbramiento de las que fueron las fuentes más importantes y visitadas de la Antigüedad. Y ello no sólo en el contexto de la Península Ibérica sino de todo el mundo antiguo.

 

Sólo la pronta intervención del Tribunal Supremo puede evitar que se consume la destrucción de un enclave de tan colosal trascendencia histórica, librando de este modo de las responsabilidades penales en que habrían incurrido, a todos los altos cargos que están interviniendo en este asunto y a los que el firmante del presente escrito ya ha advertido de cuanto antecede. Esas personalidades son: D. José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno, D. José Bono, Ministro de Defensa, D. Miguel Ángel Revilla, Presidente del Gobierno de Cantabria y D. Javier López Marcano, Consejero de Cultura del Gobierno de Cantabria.

 

La labor de preciosa mediación que se suplica del Tribunal Supremo en este asunto, debería incluir la recomendación al Estado de no ceder al Gobierno de Cantabria la propiedad de la heredad de Campo-Jiro, conservando el pleno dominio sobre ella mientras se llevan a cabo las investigaciones pertinentes y confiando su Administración, después, al Patrimonio Nacional. Entre otras razones porque hitos de esta trascendencia histórica, no son ni deben ser considerados predio de la región en la que se hallan enclavados, sino patrimonio irrenunciable de toda la sociedad española, representada y encarnada en el Estado Español.

 

 

 

2. El primer emplazamiento de Santander

 

El miércoles 16 de Febrero y ante el Notario de Santander don Ernesto Martínez Lozano, que extendió el protocolo correspondiente, el autor de la presente demanda desveló el resultado de las investigaciones que viene realizando desde hace varios meses, con el fin de descifrar la verdadera identidad de la peña santanderina conocida como Peña Castillo, así como la de la Finca de Campo Jiro o de La Remonta que se extiende a sus pies y en la que el Gobierno de Cantabria proyecta construir un barrio formado por más de cinco mil viviendas de protección oficial. Proyecto para el que cuenta con la anuencia del Ministerio de Defensa, propietario de la heredad en cuestión.

 

Las investigaciones realizadas demuestran que el primer emplazamiento de la ciudad de Santander, posterior al que en una época remotísima existiera en la cumbre de Peña Cabarga, fue la peña a la que popularmente se conoce como Peñacastillo, habiendo tenido su raíz en aquella antiquísima ciudadela todos los más antiguos linajes santanderinos y siendo la toponimia de la ciudad una proyección a gran escala de la que originariamente designase a la mencionada peña y a su entorno inmediato.

 

La identificación de la Peña Castillo como primer asentamiento de Santander -en el que, dada su antigüedad y cuantos datos se conocen sobre él, cabe presumir la existencia de vestigios arqueológicos de primer orden-, sólo puede sumirnos en el desconsuelo y en la indignación, al haberse permitido desde hace décadas la virtual destrucción de dicho monte, en aras de una cantera. Y ello -como sucede ahora con la vecina finca de Campo Jiro- a pesar de que ya se tenía constancia de la existencia en esa peña de un importante yacimiento paleolítico datado en el mismo período al que Altamira pertenece.

 

Dado que la fachada principal de la montaña era la que mira hacia la Bahía que antes bañaba las faldas mismas de Peña Castillo, es fácil deducir que las cavidades más importantes que se abrían en su seno se han perdido para siempre, no asistiéndonos ahora otra esperanza que la de que exista algún ramal o derivación en la fachada opuesta de la peña que, por haberse conservado relativamente intacta, pueda atesorar aún algún vestigio significativo de lo que fuera el primer asentamiento troglodítico de la ciudad de Santander.

 

Lamentablemente, el descubrimiento de la primera Santander llega demasiado tarde no sólo para proteger Peña Castillo como, de hecho, ha venido siendo protegida durante la mayor parte de su historia, sino también para impedir que el entorno de un monumento natural e histórico de esta magnitud se viera degradado hasta el extremo inconcebible en que hoy podemos verlo, edificado ya prácticamente en todo su derredor y próximo a convertirse en una peña desgarrada, totalmente abrazada por un cúmulo de urbanizaciones, chamizos, centros comerciales y naves industriales que la están asfixiando y privando de toda perspectiva y encanto. Y es importante insistir, en este sentido, que estamos hablando de una ciudad prehistórica que aventaja en muchos miles de años a las más antiguas que hasta hoy se conocían en el ámbito de Mesopotamia.

 

Es lamentable que la presencia de los topónimos Peña Castillo y El Castro no hayan alertado a los historiadores sobre la posible existencia de una población, antiquísima, en un enclave tan absolutamente privilegiado y paradisíaco como el que ocupara la antigua Sant Anders o San Andrés. Como es deplorable que la propia ignorancia de los estudiosos e historiadores locales, empecinados en sustentar el dislate de que el nombre de Santander procede de San Emeterio, les haya impedido ver que el nombre de CUEVA ANDRÉS con el que era conocida la cueva principal de la cumbre de Peña Castillo, estaba no sólo documentando sino proclamando a voz en grito que era en esa cumbre en donde se hallaba el primer emplazamiento de la ciudad que siempre ha respondido a los nombres de Sant Anders, San Andrés o Santander.

 

La misma obcecación en querer hacer derivar Santander de San Emeterio es la que ha llevado a los eruditos locales a tildar de patrañas las fábulas que envuelven el pasado de Peña Castillo, incapaces de entender que la existencia de leyendas es el testimonio más elocuente e inequívoco de la enorme antigüedad de un lugar determinado. Sólo los enclaves enormemente antiguos poseen fábulas y esa ancianidad será tanto mayor cuanto más rica, compleja y enmarañada sea la urdimbre de mitos nacidos al calor de esos antiguos poblamientos o accidentes geográficos (montes, ríos, lagos...).

 

El primitivo emplazamiento de Santander no habría sido destruido si quienes tenían el deber de desentrañar el origen de la ciudad, en lugar de burlarse con suficiencia de las fábulas que circulaban en torno a Peña Castillo, se hubieran tomado la molestia de analizarlas y estudiarlas en profundidad, comprendiendo que la Mitología es la historia de la Prehistoria y que lo importante de un mito no es el mito en sí sino el trasfondo del mismo. En efecto y si se hubiera hecho esa pesquisa que personalmente y aun no teniendo ninguna obligación de hacerlo, me he molestado en realizar, los historiadores locales habrían descubierto que las fábulas en torno a Peña Castillo son un calco de las que perviven en Irlanda, entre unos pueblos que siempre han blasonado de su ascendencia cantábrica. Lo que, habida cuenta de que el poblamiento de Irlanda tras la última glaciación se produjo hace en torno a 10.000 años, ofrece una idea de la enorme antigüedad del enclave de Peña Castillo, contrastada arqueológicamente por los hallazgos efectuados en él hace más de un siglo.

 

Una de las pruebas más elocuentes y concluyentes en relación con el ilustrísimo origen de Peña Castillo, nos la proporciona el elevado número de iglesias y ermitas que han existido en torno a ella y de las que algunas perviven, otras nos muestran aún sus últimos sillares, unas terceras aparecen documentadas en libros y escrituras y otras, en fin, han dejado memoria a través de la toponimia. Es un hecho que cuanto más denso y cerrado es el cinturón sagrado que rodea a una población, mayor ha sido su importancia y su sacralidad. Y, en este sentido, los casos de Burgos y Segovia son paradigmáticos, tanto por la cantidad de templos que les rodean como por su inconmensurable categoría artística. Siendo, pues, los cercos de ermitas y monasterios los que definen y caracterizan a todas las poblaciones antiguas, el hecho de que no menos de quince edificios religiosos se hayan apiñado, hasta hace muy poco, en torno a Peña Castillo, pone de manifiesto la extraordinaria importancia de la ciudadela o acrópolis que fuese erigida en su cumbre, contando sus pobladores con la doble protección que les otorgaban las cavidades subterráneas que tanto abundaban en aquella peña..., y las aguas de la Bahía que lamían sus faldas en buena parte de su perímetro.

 

La alusión a Burgos y a Segovia no es gratuita. Segovia fue erigida sobre una peña peninsular que, antaño, era abrazada por los cauces de sendos ríos: el Eresma y el Clamores. Cauces que labraron esa peña hasta conferirle el carácter pintoresco y virtualmente insular que hoy tiene. Y algo semejante sucede en el caso de Burgos, silueteada por los ríos Arlanza y Bena y fundada en lo alto de un cerro, el de La Flora o La Blanca, que remeda dos de los antiguos nombres de la primera Sant´Anders. Vigente aún, el primero, en el antiguo arroyo y barrio de La Florida y el segundo en las Marismas Blancas de la Bahía. También Peña Castillo -modelo de esas dos ciudades y de muchos centenares más- tenía una configuración peninsular antes de que el desecamiento de las Marismas del Mediodía que llegaban hasta sus faldas, la alejaran de un mar que había permanecido a su vera a lo largo de toda su historia.

 

Los malos historiadores han constituido uno de los peores azotes para la historia de la Humanidad. Porque a ellos y a sus aberrantes dogmas sobre la raza aria se debió la reciente destrucción de Europa propiciada por los Nazis..., y a ellos, igualmente, debe España varias décadas de sufrimiento y muerte al calor de la disparatada especie del carácter foráneo del pueblo basko y de su diferencialidad respecto al resto de los Españoles. Pues bien, en un plano venturosamente no sangriento pero catastrófico para la conservación del más antiguo legado cultural de la Humanidad, localizado en Cantabria, la formidable ceguera de los estudiosos locales ha propiciado el que, en aras de una cantera, hayamos perdido el emplazamiento de la ciudad, documentada, más antigua del planeta. Y si la investigación de urgencia que venimos realizando no lo hubiera impedido, a esa pérdida brutal que supone la total destrucción de Peña Castillo, le habría seguido en los próximos meses la total destrucción del punto de alumbramiento de las Fuentes Tamáricas en la heredad de Campo Jiro.

 

Cuando, merced a los dos libros en fase de elaboración se conozca la magnitud del legado histórico que constituye esa hoy codiciada finca santanderina, a nadie se le volverá a ocurrir, jamás, mover un gramo de tierra en este COLOSAL tesoro histórico que, merced a su conversión en Monasterio y, más tarde, en finca agropecuaria, ha llegado virtualmente intacto hasta nuestros días.

 

 

 

3. Las Tres Fuentes Tamáricas

 

El segundo descubrimiento que la investigación emprendida hace cuatro meses ha proporcionado y cuya trascendencia es todavía mayor que la del precedente, tiene que ver con la única parte del monte de Peña Castillo que ha llegado hasta nosotros relativamente intacta y que, venturosamente, resulta ser el sector fundamental de este pequeño macizo. Porque la Finca de la Remonta o de Campo-Jiro en la que hoy se pretenden construir varios miles de viviendas, resulta ser nada más y nada menos que el emplazamiento de aquellas celebérrimas e históricamente cruciales FUENTES TAMÁRICAS documentadas por Plinio y, también, (y esto se ha ignorado hasta hoy) por la propia mitología griega. Fuentes que vienen siendo infructuosamente buscadas desde hace muchos siglos, habiéndose asentado la desatinada especie alumbrada por el Padre Flórez respecto a su ubicación en la localidad palentina de Velilla de Guardo. Cuando de la lectura del texto de Plinio y del propio nombre de las Tamáricas se desprende que manaban en algún lugar del corazón de la antigua Kantabria y al lado mismo del mar, como permite deducir el hecho de que sea Tama una de las antiguas denominaciones de la Mar Occidental o Mar Océana que baña las costas de Cantabria y de todo el Norte de España.

 

Las falsas Tamáricas del norte de la provincia de Palencia no son sino una réplica más de las muchas que proliferaron por doquier, a imagen y semejanza de las que manaban -y manan- a la orilla misma de la Bahía de Santander. También en la localidad riojana de Anguiano existe un calco de ellas, puestas bajo la elocuentísima advocación de La Magdalena. O en la vertiente septentrional de ese mismo macizo montañoso -la Sierra de La Demanda- en donde no lejos de la población de Ezkaray existe un importante santuario consagrado a Nuestra Señores de las Tres Fuentes. Las mismas Tres Fuentes que en Roma nos encontramos en la Basílica de Tri Fontani. O que dieran celebridad a la ciudad de Sevilla en sus orígenes, recordadas en el popularísimo barrio de Triana: léase, Tri Ana = Tres Fuentes. Por eso y recordando fielmente a las Fuentes Tamáricas... o Camáricas, las dos poblaciones que surgieron a la otra orilla del Guada-al-Kibir, frente por frente de Triana, responden a los nombres de Tomares y Camas.

 

El barrio de Triana sevillano en el que ha pervivido el que fuera el antiguo nombre de esa ciudad, tiene su paralelo en el monte Triano que se yergue junto a Bilbao y en el que -aunque los Bilbainos lo ignoran- se encuentra el primer emplazamiento de su ciudad. Pues bien, recordando a su modelo santanderino, toda la toponimia del monte Triano y, por ende, de Bilbao, es un calco literal de la vieja nomenclatura de la primera Sant Anders de Peña Castillo. Y no falta en ella, por supuesto, una población denominada San Andrés.

 

Hasta hace poco tiempo sobrevivió el armazón pétreo que rodeaba y amparaba el punto de alumbramiento de las Tres Fuentes Tamáricas en la Finca de la Remonta. Pero alguien -a quien preferimos no calificar- permitió que ese paramento fuera destruido, incluida la representación del dios Neptuno Tamareo que en él aparecía reproducida. Porque aunque en su origen más remoto las Fuentes Tamáricas estuvieron consagradas a una divinidad femenina, matriarcal, a la que se reconocía el don oracular, en épocas más modernas fueron relacionadas con el dios acuático Neptuno = Poseidón = Tamareo. Y ello porque existía la convicción de que había sido este dios quien con su tridente las había perforado. Una manera ingenua de justificar el hecho de que ese manantial -que sigue manando copiosamente- estuviese formado por tres venas acuíferas que, como especifica Plinio, se funden en una sola.

 

Por cierto y hablando de la Triana sevillana y del Triano bilbaino, triaina es el término griego para denominar al tridente del Dios del Mar al que se atribuía la perforación de la primera fuente triple que se suponía había manado en nuestro planeta.

 

Por desgracia, la aberrante labor de desecamiento de que ha sido objeto la Bahía de Santander y, posteriormente, la anarquía absoluta que ha presidido la definición del destino final dado a los amplísimos terrenos ganados al mar, nos impide contemplar la finca de Campo Jiro o de La Remonta como lo que siempre fue: casi una isla, unida a Peña Castillo por un estrecho istmo. Dato fundamental porque no se puede comprender la colosal importancia de las Fuentes Tamáricas y el hecho de que estuvieran emplazadas en ese punto, si se desconoce el carácter marítimo de la finca en cuestión y el prodigio que para nuestros antepasados suponía el hecho de que en una virtual isla como era La Remonta, fuera a nacer un manantial de agua dulce tan extraordinariamente copioso como ése y, además, con unas más que seguras propiedades salutíferas. Tan seguras como para que al lado de ellas siga existiendo un importantísimo manantial denominado Fuente de la Salud.

 

Ocioso es decir que la trascendencia de las Fuentes Tamáricas no se reducía al hecho de que en ese punto manasen las que fueron las fuentes más célebres del mundo antiguo, siendo todo el recinto que las rodeaba y que se hallaba protegido por una poderosa cerca, un enclave sagrado -y, por ende, arqueológico- de primerísima magnitud. En los dos libros que preparamos y cuya publicación se producirá de inmediato, el autor de la presente demanda aporta toda la abrumadora batería de pruebas que posee para sustentar cuanto en este escrito está quedando recogido.

 

 

4. Contexto histórico

 

La Bahía de Santander y su entorno atesoran el más antiguo Patrimonio Histórico-Artístico de la Humanidad, habiéndose atribuido al azar, hasta hoy, un hecho que tiene un profundísimo significado y una incalculable trascendencia. Porque lo que hasta aquí se ha valorado como fruto de la casualidad, no es sino la aplastante evidencia de que en torno a esa privilegiada bahía -una de las mayores de España y la única digna de tal nombre en todo el litoral septentrional ibérico-, se concentró la más antigua población de Homo Sapiens de la Península Ibérica y, a tenor de lo que sabemos y de lo que la comunidad científica internacional empieza al fin a reconocer, de todo el planeta. No hablamos, pues, de comunidades de homínidos sino de seres plenamente racionales como nosotros, capaces de habernos legado, en grutas como Altamira, La Garma o el Monte Castillo de Puente Biesgo, las más antiguas y preciosas creaciones artísticas que conserva la Humanidad.

 

Más de veinte años de investigaciones multidisciplinares sobre el primer poblamiento de España y de Europa, desarrolladas con dedicación plena y exhaustiva, han proporcionado al firmante de este escrito un ingente volumen de conocimientos y de informaciones preciosas respecto a la idiosincrasia de aquellas remotísimas poblaciones de Homo Sapiens establecidas en las suaves y privilegiadas costas de Cantabria, así como respecto a los emplazamientos de las poblaciones troglodíticas que ya desde hace decenas de miles de años crearon en montes aislados, fácilmente defendibles, y preceptivamente situados a la orilla de lagos, bahías y ríos.

 

El hecho de conocer en profundidad la Geografía Histórica de Cantabria, vinculada a los más remotos orígenes de nuestra especie, nos permite poder establecer con absoluta precisión cuáles son los puntos del territorio de esta Comunidad en los que se concentran los yacimientos de mayor trascendencia, custodios de un Patrimonio Arqueológico que constituye ya uno de los principales pilares de la riqueza de Cantabria y que, en la medida en que vaya siendo exhumado y rehabilitado, acrecentará la importancia y nombradía de esta Comunidad en todo el planeta, atrayendo hacia ella un creciente flujo turístico que está llamado a convertirse en su principal fuente de riqueza.

 

Por lo que al conjunto de España se refiere, parece ocioso subrayar el enorme interés que entraña para ella el hecho de que, como hoy reconoce ya la comunidad científica internacional, todos los habitantes del continente europeo compartan unas raíces comunes que se hunden a orillas del Cantábrico central y oriental. Región desde la que, al producirse el desenlace de la última glaciación hace en torno a 12.000 años, se produjo la diáspora que habría de llevar la presencia humana a los enormes territorios liberados por los hielos glaciales.

 

En este contexto se sitúan los hechos que se denuncian en el presente escrito y que como ha quedado claramente expresado, no atentan contra unos vestigios históricos cualesquiera, prescindibles y de segundo orden, sino contra el más antiguo, importante y valioso Patrimonio de España... y de la Humanidad. Y en cuanto a la credibilidad que estas palabras merecen, vienen avaladas por la persona que ya en el año 1984 supo ver el papel trascendental que la Península Ibérica ha desempeñado en los más remotos orígenes de la Humanidad y que jamás había sido ni siquiera vislumbrado jamás. Cuatro años después se producirían los primeros hallazgos en Atapuerca... Diez años después, la revista de mayor tirada del mundo, National Geographic, publicaría un reportaje impensable unos años antes: Los Bascos, la primera familia de Europa. Y a todo ello seguirían los estudios de Biología Molecular realizados por Universidades de todo el mundo y que han establecido, de forma concluyente, que los únicos descendientes directos de los más antiguos sapiens conocidos son justamente los habitantes de los sectores central y oriental del litoral cantábrico español. De ahí el Congreso Internacional organizado por la UNED para debatir sobre El origen del hombre moderno en el Sudoeste de Europa. La misma premisa sobre la que se construiría el Curso Internacional de Arqueología celebrado en la población catalana de Capellades y que estableció la filiación europea, ibérica, de los primeros sapiens conocidos.

 

Reconocimientos internacionales como los señalados hubieran sido impensables antes de 1984. Como impensables hubieran sido titulares periodísticos como los que recientemente han empezado a hacerse comunes en nuestro país: España, centro mundial de la Arqueología (ABC)..., Atapuerca, el primer europeo (El País)..., Burgos, cuna del primer europeo (Diario de Burgos).... Amén de otros, no menos explícitos, aparecidos en la propia prensa nacional: Los últimos descubrimientos revelan que el primer europeo fue un español..., El homo sapiens nació en Europa hace 40.000 años..., Los primeros americanos procedían de España...o, en fin, Los orígenes ibéricos de la Humanidad.

 

 

5. Contexto geográfico

 

Aunque incomprensiblemente no se ha sabido ver hasta hoy -fruto de nuestras carencias científicas y de la marginación en que ha permanecido nuestro país a nivel internacional-, las condiciones óptimas de las que la primera Humanidad que nos es conocida supo rodearse al escoger, como escenario para su desarrollo, una región marítima distinguida con un clima y un paisaje excepcionales, resultaron decisivas para hacer posible el crecimiento inusitado de la inteligencia y de la cultura de las más antiguas sociedades humanas. En este sentido, una de las mejores pruebas de la despuntada inteligencia de nuestros primeros antepasados, la constituye el hecho de que tuviesen el acierto de establecer sus primeros asentamientos en una zona del litoral marítimo extraordinariamente bien protegida y altamente idónea tanto para su poblamiento como para la explotación de su riqueza piscícola. Una zona en la que nuestros primeros antepasados racionales pudieron desarrollarse y evolucionar, gozando de la protección que sólo una enorme bahía, una auténtica laguna marítima, podía proporcionarles. Una bahía lo bastante grande y lo bastante cerrada como para que pudieran encontrar en ella todo cuanto necesitaban.

 

Para la primera Humanidad, una bahía venía a ser lo mismo que un enorme vivero que producía una espléndida y permanentemente renovada cosecha de peces, moluscos o crustáceos cuya captura no entrañaba riesgo alguno, dada la moderada profundidad de las bahías y esteros cántabros, así como la bonanza de la que sus aguas habitualmente disfrutan. Y a todo cuanto antecede se añade el que la inagotable despensa piscícola de la que nuestros antepasados disfrutaron, se hallaba al pie mismo de una serie de montes relativamente suaves en los que progresivamente fueron estableciendo sus cada vez más confortables y seguras moradas, habitadas hasta ayer mismo y hasta decoradas con pinturas, grabados y relieves rupestres en épocas ya relativamente cercanas.

 

¿Cabe una existencia más regalada y dichosa que la conocida por aquellos remotísimos pobladores de la Bahía de Santander y de su entorno, integrantes de la más antigua sociedad humana documentada y cuyas principales huellas, que coinciden con las más remotas huellas artísticas y culturales que nos ha legado la Prehistoria, se concentran entre la Bahía de Santander y el cercano Macizo del Dobra? Y ¿no son todos los ingredientes antedichos lo bastante relevantes como para haber grabado en nuestra memoria colectiva la convicción de haber gozado de una existencia paradisíaca en los primeros estadios de nuestra historia?

 

A la hora de establecer el porqué de que la primera Humanidad racional creciera a orillas de la antigua Mar Océana u Océano Kántabro, conviene no perder de vista que las costas del litoral cantábrico ibérico se cuentan entre las más privilegiadas no ya del continente europeo sino de todo el planeta. Porque considerando la benignidad y moderación de su clima, su paisaje, su pluviosidad regular y rara vez desmesurada, su fertilidad, sus montañas, sus extraordinarias riquezas minerales y, sobre todo, la estabilidad de sus costas, apenas afectadas por las oscilaciones en el nivel del Océano, sería difícil encontrar otro lugar del planeta que haya reunido mejores condiciones para albergar a la primera Humanidad. Primera Humanidad que si puso sus ojos en ese litoral y no en cualquier otro, fue porque reunía las mejores condiciones posibles para garantizarle lo que en definitiva constituye el principal objetivo de cualquier especie animal: la supervivencia.

 

No cabe duda de que el propósito de abastecerse de toda la amplísima gama de productos que el mar ofrece, desempeñó un papel decisivo en la elección del primer solar marítimo conocido por los seres humanos. Juan de Castañeda, en su Memorial de algunas antigüedades de la Villa de Santander, escrito en el año 1592, consagra algunas líneas a ponderar las bondades de la Bahía o Ría de Santander:

 

El puerto desta villa es de los mejores que hay en toda esta costa, porque antes que entren en él hay una ensenada que arriba dijimos llamarse Sardinero que, si alguna dificultad subcede los navíos no poder tomar puerto, pueden surgir en esta ensenada y están seguros. Y mucho más, entrados en el puerto en una ría que hay en la cual cabrán más de mil navíos. A la entrada del cual hay una gran peña descubierta en medio de la mar, entre la cual y la tierra va el canal. Esta peña es llamada la peña de Mogro, porque a imitación del Mogrón de Biria, comenzando ella a descubrirse en tierra firme, se va escondiendo por debajo de la mar y en medio della se torna a descubrir. En la cual se crían muchas palomas que unos pa granjería y otros por recreación las van a cazar. Nace en esta peña una hierba que llaman "perejil del mar", la cual adobada suelen llevar muchos barriles della a muchas partes de Castilla y aún de fuera del reino, por ser hierba saludable y para algunos gustosa, y que se halla en pocas partes. Donde esta peña y entrada del puerto comienza la ría que arriba dijimos, que tiene casi una legua de ancho y tres de largo, contando una hasta la misma villa de Santander, por cuyas murallas pasa, y las otras dos dende ella hasta la puente Solía. Es muy abundante esta ría de pescados regalados y cuando en otros puertos de mar no pueden salir a pescar por haber tormenta, aquí sin recelo della pueden pescar al seguro. Por la comodidad deste puerto solía haber aquí gran carga y descarga...

 

Lo documentado por Castañeda es algo que resulta absolutamente obvio para cualquiera que conozca el litoral septentrional de la Península Ibérica en el que, insistimos, se concentran las más antiguas evidencias culturales de la Humanidad: sólo Santander posee un piélago marítimo de enormes dimensiones y enriquecido, además, por la existencia de algunos montes vecinos que lo abrazan... y que ofrecieron abrigo y cobijo a sus primeros pobladores humanos. Porque una gran bahía que careciera de montes de una cierta entidad, habría sido desdeñada por una familia como la humana que tan manifiesto desprecio ha mostrado siempre hacia las tierras bajas y tan exacerbada y lógica querencia hacia las más elevadas. Un viejo documento histórico, inédito hasta hoy y atribuido a Philón el Hebreo, refrenda esto último:

 

Los primitivos Cultores tuvieron su asiento ordinario y común vivienda sobre el lago Marian y entre aquellas peñas tenían ciertas casillas o celdas que les servían de morada.

 

Ofreciendo Santander la más privilegiada bahía de todo el litoral atlántico ibérico, ¿no es de la lógica más elemental que la primera Humanidad racional -asentada como hoy, al fin, se reconoce, en el Norte de España- se decantase por ese extraordinario refugio marítimo, echando raíces en él y forjando, merced a las condiciones óptimas de las que allí disfrutaba en todos los sentidos, esa civilización prodigiosa que todas las grutas que se concentran en ese punto de la geografía cantábrica comienzan hoy a revelarnos?

 

Rodrigo Méndez Silva, en su Población General de España publicada en 1645, abunda en esa misma nombradía de fecundidad que con todo fundamento se le ha atribuido siempre al piélago santanderino, aportándonos de paso algunas noticias de colosal importancia respecto al pasado de esta urbe:

 

Está Santander plantada en seno del Océano Cantábrico (...) con cuatro castillos y puerto capaz para cualquier armada, donde se pescan abundantísimamente besugos que, frescos y escabechados, proveen a muchas partes. Tiene famoso muelle, contramuelle y casa fuerte. Fue habitación de cinco mil vecinos, pero hoy no pasan de setecientos. Muchas casas solariegas.(...) Su primer origen no consta,  pero es muy antiguo, según dicen, media legua apartado en una ermita de San Marcos. Andrés de Poza quiere sea la muy celebrada Iuliobriga (...). Sobre el nombre hay dos opiniones, una afirma de San Emetereo, otra de San Andrés. Corriendo siglos con varias fortunas se arrasó, sin quedar memoria.

 

 

 

6. Circunstancias adicionales concurrentes

 

En parte por pura y simple ignorancia, en parte porque es plenamente consciente de que la protección de amplias áreas de su territorio frustraría algunos de sus proyectos, amén de suponer un hachazo para las expectativas de enriquecimiento de algunos, el Gobierno Regional de Cantabria viene desoyendo todas nuestras recomendaciones para que se otorgue el mayor nivel de proyección a determinadas zonas de Cantabria, conservándolas como siempre han estado en espera de que se obtengan los recursos necesarios para llevar a cabo las excavaciones que permitan sacar a la luz la riqueza arqueológica que atesoran.

 

Para disculpar su actitud respecto a cuanto en este escrito se denuncia, el titular de la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria, señor López Marcano, siempre de forma privada y procurando que no quede reproducido en letra impresa, viene aduciendo sus reservas respecto a las tesis sostenidas por el autor de la presente demanda. Lo que no es óbice para que el Presidente de la Comunidad, D. Miguel Ángel Revilla, no cese de suscribir las tesis del autor de estas páginas al haber repetido, en innumerables ocasiones, que "Cantabria es la región más antigua de España, origen de todas las demás" o que "la lengua Castellana nació en territorio cántabro". Dos tesis acuñadas por el mismo señor Ribero-Meneses cuya solvencia científica se cuestiona, sin embargo, en aquellos asuntos que contrarían los dictados del Gobierno Cántabro o, como sucede en este caso, suponen una amenaza para algunos de sus proyectos. Se da así la paradoja de que se preste un crédito absoluto a las tesis del citado investigador en aquellos asuntos que convienen... o que se les conceda nula credibilidad cuando entran en colisión con las estrategias políticas de los miembros del Partido Regionalista de Cantabria, señores Revilla y Marcano.

 

Un ejemplo elocuentísimo de cuanto antecede lo brinda lo sucedido al calor de la auténtica guerra que el autor de la presente denuncia viene librando desde el año 1997, en su empeño por denunciar el fraude perpetrado por la Comunidad de La Rioja al presentarse como cuna de la Lengua Castellana, en detrimento de todas las regiones del Norte de España y, muy en particular, de Cantabria. Porque consagrada como verdad científica la especie de que las Glosas emilianenses fueron el primer monumento escrito en nuestra lengua común, tanto el Gobierno de Cantabria como todos los intelectuales y profesores de esta región se sometieron a ese despropósito, renunciando a protagonizar acción alguna para desacreditarlo y para reivindicar el papel materno que siempre se le ha atribuido a Cantabria en el nacimiento del Castellano. Sólo el autor de estas líneas se enfrentó al desatino acuñado por La Rioja y que llegó a contar con el respaldo absoluto y entusiasta del Estado Español, de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, de todas las Universidades españolas, de los departamentos de Filología Románica de todas las Universidades extranjeras e, incluso, de la UNESCO y el Consejo de Europa. Ni una sola palabra o gesto de respaldo salieron del Gobierno de Cantabria en apoyo de quien, sin tener ninguna obligación de hacerlo ni obtener ventaja alguna de ello, se enfrentó a todas las instituciones enumeradas con el fin de demostrar la aberración que suponía atribuir la maternidad sobre nuestra lengua a un documento de la segunda mitad del siglo XI..., cuando hacía varios siglos que en los documentos redactados en latín en los monasterios del Norte de España venían introduciéndose, sistemáticamente, palabras castellanas idénticas a las que hoy utilizamos.

 

Absolutamente desacreditado el dogma emilianense y desterrado el despropósito de la maternidad de La Rioja sobre nuestra lengua, el Gobierno de Cantabria, lejos de reconocer los servicios prestados por el autor de esta demanda y de recompensarle cuando menos moralmente por esa larga y ardua lucha sostenida a sus propias expensas, concibió un proyecto -la Universidad del Castellano en Comillas- plenamente inspirado en las tesis del señor Ribero-Meneses aunque manteniéndole a éste alejado de él y confiando su redacción y su desarrollo a quienes no sólo no habían movido un solo dedo contra la usurpación intentada por La Rioja sino que, incluso, habían comulgado con ella o participado en ella.

 

Así, en estos niveles se ha movido y se mueve el comportamiento del Gobierno de Cantabria respecto al autor de la presente demanda, habiéndose llegado al extremo de que habiendo logrado identificar en un amuleto descubierto en Puente Biesgo la primera palabra documentada en el mundo hasta el presente, el responsable de Cultura de dicho gobierno regional ha preferido negarle a Cantabria todos los beneficios que para esta región habrían de derivarse de un hallago de tal magnitud, antes que admitir que el autor de estas páginas ha descifrado una palabra grabada hace 38.500 años, que aventaja en 33.000 a las primeras palabras escritas en el ámbito de los países del Mediterráneo oriental.

 

Para comprender el porqué del insólito comportamiento del Gobierno de Cantabria en relación con el autor de la presente demanda, es necesario tener en cuenta los tres hechos siguientes, de índole personal el primero, pecuniario el segundo y político el tercero. La primera de esas causas hay que buscarla en la fobia que el señor López Marcano, profesor de Latín de un instituto de Torrelavega, siente hacia un investigador que habiendo nacido en Valladolid, descubre todo lo que a todos los historiadores de Cantabria les había pasado siempre inadvertido, negándose a admitir que ese extraño pueda haber sido capaz de ver lo que ni él ni sus coterráneos habían ni siquiera vislumbrado jamás. La segunda causa de esa hostilidad radica en el enorme quebranto que para las expectativas de enriquecimiento de muchos suponen las tesis del señor Ribero-Meneses, al imponerse la protección de amplísimas áreas que, de otro modo, están llamadas a convertirse en urbanizaciones y polígonos industriales. Y la tercera causa hay que buscarla en el hecho de que el Gobierno de Cantabria sea ya plenamente consciente de que el refrendo científico constante que vienen recibiendo las tesis del autor de la presente denuncia, acabará acarreando la intervención y fiscalización del Estado español e, incluso de instituciones internacionales como la UNESCO o la Unión Europea, en defensa de un Patrimonio Histórico como el administrado por Cantabria que, en última instancia, no le pertenece a esta Comunidad sino al conjunto de España, a Europa y a toda la Humanidad.

 

 

 

7. Destrucción del más viejo legado de la Humanidad

 

En aras del progreso, el Gobierno de Cantabria viene tolerando e incluso, en ocasiones, protagonizando, los más brutales atentados contra el Patrimonio Natural, Histórico y Arqueológico de esta minúscula Comunidad, que en el decurso de las últimas décadas ha conocido el más brutal proceso de destrucción de toda su historia. ¿Qué progreso es ése que persiguiendo el bienestar y el enriquecimiento de nuestra generación, propicia la destrucción de buena parte de nuestro patrimonio natural y cultural, abocando con ello a la miseria a las generaciones futuras?

 

Curioso eufemismo ése de denominar progreso a lo que, a la postre, no es otra cosa que enriquecimiento del patrimonio de unos pocos, a costa de la destrucción del Patrimonio de todos. Con el agravante de que esa destrucción que estamos generando no va a ser sufrida por nuestra generación, por la generación que la ha ocasionado, sino por todas las generaciones futuras. Porque, en relación con la ciudad de Santander, la que fuera una de las Bahías más hermosas del mundo, se ve edificada hoy en todo su derredor para mayor honra y gloria de quienes han amasado auténticas fortunas a base de convertir prados en urbanizaciones y naves industriales y de robarle kilómetros al mar para construir fábricas, talleres, barracones y grandes almacenes? ¿Qué Patrimonio le quedará a la ciudad de Santander y a sus arrabales cuando, abyectamente edificado todo el entorno de su Bahía y desecada buena parte de ésta, el que hace sólo un siglo era uno de los enclaves más privilegiados del planeta, se convierta en un lugar carente del menor atractivo y, por ende, de reclamo alguno que anime e invite a visitarlo? ¿A esto le llamamos progreso? ¿Progreso para qué... y para quién? Obviamente, sólo para aquellos que han acumulado enormes fortunas con la especulación sobre el suelo.

 

¿A nadie se le ocurrió que la ciudad de Santander podía haber crecido en zonas lo bastante alejadas del arco de su Bahía como para que ésta no se viera degradada y devaluada, acarreando la propia devaluación de la ciudad que se extiende a sus orillas? Es posible que alguien sopesara esta posibilidad, pero nadie tuvo el coraje suficiente como para enfrentarse a todos esos miles de personas a las que convenía profundamente que la ciudad creciera de la forma, aberrante, como lo ha hecho. Porque si las cosas sucedían como han sucedido, ellos obtendrían cifras ingentes por unos terrenos que, de otro modo y hallándose protegidos, hubieran carecido de valor alguno más allá del puramente simbólico: medioambiental o arqueológico.

 

Así se ha destruido -por ambición- la que fuera una de las Bahías más bellas del mundo. Así se han destruido ciudades extraordinarias, que hoy serían Patrimonio de la Humanidad: como Soria, Valladolid, Palencia, Burgos, León... ¡Y tántas otras! Y ello en el decurso de una sola generación. Lo que cientos de generaciones habían modelado con amor, una sola generación lo ha destruido, en aras del progreso..., de SU progreso.

 

En este contexto se sitúa el propósito del Gobierno Regional de Cantabria, de destruir la única heredad relativamente intacta que ha conservado la ciudad de Santander, renunciando a convertirla en Parque Arqueológico para disfrute de todos, en beneficio exclusivo de unos miles de familias a las que resulta perfectamente posible alojar en otros lugares del entorno de dicha ciudad, sin detrimento para su ya archienvilecido medio ambiente y sin llevarse por delante el que, el día que se excave, se revelará como uno de los mayores tesoros históricos de todo el planeta. Porque, aunque parezca mentira, los gestores públicos de la región que posee el más antiguo y valioso Patrimonio Histórico-Artístico de la Humanidad, no han comprendido todavía que la Comunidad que ellos administran es un tesoro en su totalidad y que, con independencia de que en unos lugares se hayan descubierto yacimientos y en otros no, todo su territorio debe ser objeto de una protección especialísima. En unos casos por lo que el subsuelo pueda contener y, en otros, porque los enclaves más privilegiados precisan de un contexto que se halle a la altura de las circunstancias. ¿O acaso no resulta patético que los visitantes llegados de todas partes para conocer la que, hasta hoy, es la gruta más importante del planeta (el Monte Castillo de Puente Biesgo), se topen con una cantera cuando salen, fascinados, de las entrañas de la prodigiosa Cueva del Castillo que, entre otras muchísimas cosas, ha proporcionado la primera palabra escrita identificada hasta hoy, con una ancianidad que frisa los 40.000 años y que supera en más de 33.000 a las primeras manifestaciones de escritura que hasta la fecha nos eran conocidas?

 

Todo Patrimonio precisa de un contexto y esa necesidad es tanto mayor cuanto más despuntado y excelso sea ese Patrimonio Natural, Histórico o Monumental. Por eso Cantabria tiene la necesidad imperiosa de procurarse un contexto lo más hermoso posible. Cosa que tiene al alcance de su mano, limitándose a conservar lo que ya posee. No es necesario crear nada nuevo. Sin embargo, ¡ay!, lo que está sucediendo en esta privilegiada región del Norte de España es exactamente lo mismo que ha venido sucediendo en las provincias hermanas de sus vecinas Castilla y León... Porque haciendo gala de una ausencia de sensibilidad (y de inteligencia) que produce pasmo, los gestores de las ciudades castellanoleonesas implantaron la más absoluta anarquía en su desarrollo urbano, permitiendo perpetrar los atentados más flagrantes contra su Patrimonio y tranquilizando su conciencia con el respeto a algunos monumentos señeros cuya destrucción hubiera supuesto una auténtica declaración de guerra contra el conjunto de la ciudadanía. Así, de este modo, los impresionantes monumentos que atesora la región castellano-leonesa fueron viéndose privados del contexto en el que habían florecido, perdien