Ruta
de Occidente
Esencia y objetivos
del proyecto
La Ruta de Occidente
-proyecto que viene gestándose desde 1983- recorre las regiones de lo que,
hasta el descubrimiento de América en 1492, fue reconocido como el Occidente por antonomasia. Una extensa
región que, teniendo como núcleo principal al litoral cantábrico ibérico, incluía también a ambas vertientes de
la Cordillera Pirenaica, a las
estribaciones occidentales de la Cordillera
Ibérica, al Sistema Central y,
en fin, a Galicia y a las regiones
centrales y septentrionales de Portugal.
Un vasto territorio cuya remota nombradía universal resulta constatable
todavía en el riquísimo y extraordinariamente variado Patrimonio Histórico-Artístico que reúne y en el que se incluyen
desde los más antiguos yacimientos conocidos en el mundo con presencia del homo sapiens, hasta la mayor
concentración de grutas con arte rupestre y de monumentos megalíticos de todo
el planeta o, en una época posterior, de antiguas acrópolis y castros, así como
de castillos, monasterios, catedrales, colegiatas, palacios, casonas armeras,
casas blasonadas...
Considerando que la presencia humana está
documentada en la región por donde discurre la Ruta de Occidente a lo largo de un millón de años, son muchas las rutas o itinerarios distintos que tienen cabida en ella. Tantos como sustratos tiene la historia de la
Humanidad. Lo que convierte a su trazado en una suerte de compendio o de síntesis
de esa Historia, al permitirnos conocer y recorrer todas las etapas del devenir
humano. La Ruta contempla, pues, todas las manifestaciones,
estilos y épocas distintas, potenciando la variedad por encima de todas las
cosas y procurando que cada uno de sus hitos provoque la sorpresa y la
admiración de los viajeros, al poner ante ellos vestigios del quehacer humano
siempre distintos, siempre sorprendentes, muchas veces únicos en su género y,
en todos los casos, adornados por una gran antigüedad y belleza. La conjunción
de todos los hitos de la Ruta configura la más
impresionante colección de obras de arte que jamás se haya reunido o pueda
llegar a reunirse en el mundo.
Son objetivos primordiales de la Ruta de Occidente:
1. Contribuir con todos los medios a su alcance al
enriquecimiento cultural de las personas, de todas las nacionalidades, que la
recorran.
2. Contribuir al progreso y desarrollo de las
regiones integradas en su trazado, así como a la prosperidad de las poblaciones
por las que discurre.
3. Recuperar y fortalecer los
estrechísimos vínculos culturales y de toda índole que desde la más remota
Prehistoria han unido a todas las regiones del antiguo Occidente y que resultan
claramente constatables a través de la extraordinaria afinidad de sus
tradiciones y manifestaciones artísticas. Y ello no solamente en épocas recientes
y por influencia del Camino de Santiago, sino
ya desde el primer arte conocido de la Humanidad, gestado desde hace 40.000
años y que fue común, en otro tiempo, a todas las regiones por donde discurre
la Ruta de
Occidente. Un hecho que vuelve a ponerse de manifiesto
en las analogías existentes entre los monumentos megalíticos de esa extensa
área y, posteriormente, en todos los estilos artísticos que se han ido
sucediendo a lo largo de la Historia.
4. La defensa
y la potenciación de la extraordinaria e
irrenunciable policromía cultural de las regiones de su recorrido,
hermanadas en sus raíces pero sin que ello suponga menoscabo de su diversidad y
de su singularidad.
5. La defensa
y rehabilitación del Patrimonio
Histórico-Artístico en todo el trazado de la Ruta, en la línea de la labor emprendida en 1973 por la Asociación ARTE EN PELIGRO, pionera en la
Península Ibérica en esta materia.
6. La
rehabilitación de la historia perdida del antiguo Occidente y la potenciación de su extraordinario y poco o nada
conocido patrimonio monumental.
7. La Ruta de Occidente tendrá tantas sedes
como regiones diferentes recorre, velando cada una de esas sedes por la defensa
de la identidad de cada territorio. A la hora de establecer esas sedes, las
entidades gestoras del proyecto darán prioridad a los edificios con interés
histórico-artístico.
8. La creación y promoción paulatina y
progresiva de una nueva modalidad de vía turística, bautizada ya en el año 1983 con el nombre de Calzada Verde. A la sazón,
un nuevo concepto de vía ecológica para uso exclusivo de viandantes,
bicicletas, carruajes de tracción animal y vehículos no contaminantes y de
velocidad reducida. A esta particularidad se sumaría la de que las dos vías de
circulación, independientes, que configurarían las nuevas Calzadas, se verían abrazadas por una amplia, densa y constante franja forestal. Lo que no sólo
contribuirá al enriquecimiento del patrimonio forestal, sino también a la mayor
calidad de los desplazamientos efectuados por ellas, tanto por lo que se
refiere a la protección de los viajeros contra la acción de los rayos solares,
como a la disminución de los valores térmicos en época estival, como a la mayor
pureza del aire y al mantenimiento de unos niveles de humedad adecuados a lo
largo de todo el itinerario. Amén de los valores estéticos, obvios, de los que
ese corredor
forestal dotaría a la nueva Ruta.
9. La creación de la red de HOSTERÍAS Y ALBERGUES DE LA Ruta de Occidente, cuya finalidad será la de ofrecer el mejor
servicio a las personas que viajen por ella.
10. El establecimiento de acuerdos de
colaboración y de cooperación con los Municipios adheridos a la Ruta y con los Gobiernos de las Comunidades y Regiones
por las que discurre, persiguiendo siempre el beneficio de las poblaciones
integradas en ella y la mejor atención de quienes la recorran.
11. La colaboración y la presentación de
iniciativas y propuestas a los organismos estatales y de la Unión Europea que
entienden en materia de promoción turística y de defensa, protección y difusión
de los bienes culturales.
12. El fomento del turismo de base y contenido
primordialmente culturales.
13. La
redistribución del turismo en la Península Ibérica y el Sur de Francia,
canalizando importantes contingentes turísticos desde las saturadas comarcas
del litoral hasta las históricamente riquísimas y hoy marginadas regiones
interiores.
14. En
coherencia con su universalidad, la Ruta de Occidente
pretende contribuir al desarrollo en armonía de todos los pueblos y de todas
las culturas, convirtiéndose en punto de encuentro y de confluencia de las
gentes de todo el mundo, con independencia de sus credos, de sus nacionalidades
o de la diversa pigmentación de su piel.
La Ruta de Occidente, en
suma, tiene el irrenunciable propósito de llegar a convertirse en un recorrido
repleto de pausas y carente de prisas. Así como el de llegar a ser no tanto una
vía de comunicación, cuanto una vía de conocimiento y hacia el conocimiento.