Jorge Mª
Ribero-Meneses
Los estadios del
alma
- Libro
I -
Cien
sonetos de ámbar
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Primera
Redacción: Febrero 2002
Segunda
Redacción: Octubre 2005
Los diez
libros que configuran esta obra,
Los
estadios del alma,
están
todos ellos dedicados a su alma e
inspiradora,
María
Amparo Martín Abella,
destinataria
de los Mil Sonetos que la integran
y Musa más loada de la Historia de la
Poesía
****
Venturosamente, todavía existen personas tan
profundamente
bellas como tú... y hombres, como yo, capaces de
encerrar
en palabras toda esa inmensa belleza.
El hecho de tener que vivir nuestro amor
distanciados, que no distantes, me obliga a decirte por escrito lo que, si
estuviéramos cercanos, te diría con mis palabras y mis actos. Obrar así es
infinitamente más ingrato y más sacrificado, pero en cambio, los frutos de
nuestro amor -estos Sonetos- no se marchitarán como los actos amorosos por los
que ambos tanto suspiramos. Porque esos lances
pasan, pero estos versos quedan. Y quedarán para siempre, para deleite de tu
corazón cautivo y enamorado y también, de todas aquellas personas sensibles que
al leerlos y sentirlos, los hagan suyos.
Nuestro dolor, en suma, será caudalosa fuente de
amor para los demás.
****
Todos los seres humanos tenemos en nuestra
idiosincrasia valores y potencias positivos y negativos. El ideal y la clave
para alcanzar la madurez y la plenitud, se encuentra en volcar todas las
energías que se poseen en un objetivo o empeño noble, constructivo, altruista y
bello. En un objetivo ajeno a nuestros propios intereses y a nuestro egoísmo.
Cuando así se hace, cuando así se actúa, es cuando el ser humano alcanza las
más altas cotas de perfección, superando
sus miserias y legando a sus semejantes una obra o una labor encomiables y
provechosas para el conjunto de la sociedad, que trascienden en el tiempo y
logran dejar una impronta imborrable, contribuyendo, sin esperar pago o
recompensa alguna, a que
La
misión biológica y social del hombre
-tanto
en la maternidad, como en el logro del placer
sexual, como en la conquista del progreso material,
en la evolución de la Ciencia, del Arte y del
Pensamiento
y en los
demás órdenes de la vida- ha sido siempre la de ofrecer su concurso a la mujer,
ayudándola a dar los pasos que ella, por
sus condicionantes y por su naturaleza, no puede. Todo esto honra al hombre, al
mismo tiempo que resulta bueno, enriquecedor y provechoso para
Jorge
Mª Ribero-Meneses
Los
estadios del alma
Cien
sonetos de ámbar
cien
sonetos de ámbar...,
cien sonetos al alba...,
cien sonetos de amparo...,
cien sonetos del alma...,
cien sonetos de amor...,
cien sonetos de mar...,
cien sonetos de umbría...,
cien sonetos de amberno...,
cien sonetos de embrujo...,
cien sonetos en el umbral.
- Soneto
1 -
Por mi ventana entra una luz rosa,
que acaricia tus fotos
y te besa,
y se desliza luego
hasta mi mesa,
y tu reflejo, tierno,
en ella posa.
La luz de esta manera
nos desposa
y logra que en mi mesa
estés impresa,
también hasta mi cama,
tu pavesa,
la luz ha deslizado,
bondadosa.
En tu ausencia, la
luz así nos une,
así, de esta manera me
consuela;
lo que la vida, sin
piedad, desune,
hasta con el
destello de una vela,
la luz lo reconcilia y
lo reúne,
haciendo de dos
almas..., una estela.
(miércoles, 28 de Septiembre 2005, en Santander) inicio
-
Soneto 2 -
Contigo, amada, el candor se hizo mujer
y adoptó tu presencia
y tu figura,
porque es tanta y tan
noble tu ternura
y tan sublime tu forma de
querer,
que este mundo no ha
podido conocer
otro ser como tú,
hecho a tu hechura,
otra mujer que iguale
tu hermosura
y que alcance la
estatura de tu ser.
Imposible es mirarte
y no quererte
y quererte es el
precio de escucharte;
es ingrata esta vida
sin tenerte,
una vez se ha llegado
a idolatrarte;
que la vida sin ti se
torna muerte
y morir es vivir sin
venerarte.
(8 de
Noviembre del 2001, en Santander) inicio
- Soneto 3 -
Sueño pensando que tú me vas a dar,
todas las flores que
hay en tu jardín,
las gardenias, las camelias y el
jazmín
y hasta la rosa que
tratas de ocultar.
Todas las flores me
quieres entregar,
porque me sientes tan
tuyo y tan afín
y porque sabes que no ha
de tener fin,
nuestro apacible paseo
junto al mar.
Pues surgió nuestro
encuentro junto al mar,
y junto al mar nos
llegamos a querer,
y fue luego, paseando
junto al mar,
como llegamos a
unirnos y a saber,
que algún día nos
habríamos de amar,
que seríamos un día el
mismo ser.
(13 de Noviembre del 2001,
en Santander, de
-
Soneto 4 -
Mi corazón estalla enamorado,
al escuchar tu voz
cada mañana,
vestida ya a esa hora
tan temprana,
con el candor más
tierno y delicado.
Escucho tu mensaje,
embelesado,
y te siento muy mía y
muy cercana,
aun sabiendo que vives
muy lejana,
en un jardín que hoy
me está vedado.
La voz de la mujer
que me da amparo,
guardada llevo en la
flor del corazón,
y soy de esa tenencia
tan avaro,
que mis oídos ocluyo
a otra canción,
que no sea aquella que
acaparo,
seducido por la magia
de su son.
(13 de Noviembre -2001-,
de
- Soneto 5 -
Le tengo puesto cerco
a tus sentidos,
mi amparo, mi pasión,
mi bien amada,
y a fuerza de saberte
tan deseada,
presientes ya que
aunque tan aguerridos,
tendrás al fin que
darlos por perdidos.
Y es que contra el
amor no pueden nada
las reservas más
tercas y arraigadas,
ni los prejuicios más
enardecidos.
Me asombra contemplar
la fortaleza
que oponen tus
sentidos al asedio,
y me admira la sólida
entereza,
con la que en vano
afrontan el incendio
que ya abrasa el bastión
de tu firmeza,
rendida hoy al
amor... y ayer al tedio.
(noche del 13 al 14 de Noviembre, 2001; en Santander) inicio
- Soneto 6 -
¡Qué plenitud sublime es la que siento,
cada vez que me digo
que me ama
y que el ardor del
fuego que la inflama,
es el mismo que, excelso,
experimento!
¡Qué sublime es mi
gozo y mi contento,
al comprobar que es la
misma llama,
la que arde en su alma
y en mi alma,
nutrida por un mismo
sentimiento!
Nada hay que se pueda
comparar,
con la tierna dulzura
de su amor,
ni hermosura que pueda superar
a la luz sin igual de
su candor,
resplandor que me
logra deslumbrar,
imprimiendo en mis
ojos su verdor.
(noche del 12 al 13 de Noviembre
2001, de
- Soneto
7 -
Vivir quiero en la hoguera de tu amor,
sintiendo a cada
instante que eres mía
y poniendo en
palabras, en poesía,