Jorge Mª
Ribero-Meneses
Los estadios del
alma
- Libro
X -
Cien
sonetos en el umbral
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Primera
Redacción: Octubre
2002
Segunda
Redacción: Abril 2006
Los
diez libros que configuran esta obra,
Los
estadios del alma,
están todos ellos dedicados a su alma e inspiradora,
María
Amparo Martín Abella,
destinataria de los Mil
Sonetos que la integran
y Musa más loada de la Historia de la Poesía
****
Venturosamente, todavía existen personas tan
profundamente
bellas como tú... y hombres, como yo, capaces de encerrar
en palabras toda esa inmensa belleza.
El hecho de tener que vivir nuestro amor
distanciados, que no distantes, me obliga a decirte por escrito lo que, si
estuviéramos cercanos, te diría con mis palabras y mis actos. Obrar así es
infinitamente más ingrato y más sacrificado, pero en cambio, los frutos de
nuestro amor -estos Sonetos- no se marchitarán como los actos amorosos por los
que ambos tanto suspiramos. Porque esos lances
pasan, pero estos versos quedan. Y quedarán para siempre, para deleite de tu
corazón cautivo y enamorado y también, de todas aquellas personas sensibles que
al leerlos y sentirlos, los hagan suyos.
Nuestro dolor, en suma, será caudalosa fuente de
amor para los demás.
****
Todos los seres humanos tenemos en nuestra
idiosincrasia valores y potencias positivos y
negativos. El ideal y la clave para alcanzar la madurez y la plenitud, se
encuentra en volcar todas las energías que se poseen en un objetivo o empeño
noble, constructivo, altruista y bello. En un objetivo ajeno a nuestros propios
intereses y a nuestro egoísmo. Cuando así se hace, cuando así se actúa, es
cuando el ser humano alcanza las más altas cotas de perfección, superando sus miserias y legando a sus
semejantes una obra o una labor encomiables y provechosas para el conjunto de
la sociedad, que trascienden en el tiempo y logran dejar una impronta
imborrable, contribuyendo, sin esperar pago o recompensa alguna, a que
La
misión biológica y social del hombre
-tanto
en la maternidad, como en el logro del placer
sexual, como en la conquista del progreso material,
en la evolución de la Ciencia, del
Arte y del Pensamiento
y en
los demás órdenes de la vida- ha sido siempre la de ofrecer su concurso a la
mujer, ayudándola a dar los pasos que ella,
por sus condicionantes y por su naturaleza, no puede. Todo esto honra al
hombre, al mismo tiempo que resulta bueno, enriquecedor y provechoso para
Nota:
Al pie de algunos sonetos aparece reseñado un número
en negritas. Se trata del número de
orden, real, cronológico, en el que los sonetos han sido compuestos, con
independencia de la colección en la que se integren y del número definitivo
que, condicionado por éstas, les he asignado.
Jorge
Mª Ribero-Meneses
Los
estadios del alma
Cien
sonetos en el umbral
cien sonetos de ámbar...,
cien sonetos al alba...,
cien sonetos de amparo...,
cien sonetos del alma...,
cien sonetos de amor...,
cien sonetos de mar...,
cien sonetos de umbría...,
cien sonetos de amberno...,
cien sonetos de embrujo...,
cien
sonetos en el umbral.
Incluye
los poemarios:
SONETOS DE MADERA
**
DE
**
LOS VERSOS DE MADERA DE UNA
ARDILLA inicio
- Soneto 901 -
Os miro y siento ansia de abrazaros
y de poder copiar vuestras maneras,
os siento y al palpar
vuestra madera,
presiento que no puedo
abandonaros.
Me invade, sí, el deseo
de estrecharos,
entrando en vuestros
cuerpos por doquiera,
de forma que mi alma se
fundiera,
con la esencia que os
lleva a eternizaros.
Quiero meterme, así, en
vuestras entrañas,
logrando eternidad a
costa vuestra
y haciendo que la
urdimbre de mis cañas,
consiga devenir viga
maestra;
que la fragilidad que en
mí se ensaña,
no pueda trenzar más su
acción siniestra.
(788.
Miércoles, 28 de Agosto 2002; a las once de la mañana, en Santander) inicio
- Soneto 902 -
Me meteré en un árbol cualquier día,
colándome por una de sus grietas
y allí me extenderé como
una veta,
que habrá de rezumar
melancolía.
Me plasmaré en un árbol
cualquier día,
como si fuera una de sus
vetas
y en esa habitación,
fecunda y prieta,
habré de destilar mi
poesía.
Me encerraré en un
árbol, ciertamente,
y haré que corra savia
por mis venas,
logrando que al calor de
esa corriente,
mi pobre finitud
devenga eterna.
Sin sangre que mis
llantos alimente,
haré que cese el flujo
de mis penas.
(nº 791. Miércoles, 28 de Agosto 2002; a las siete de la tarde) inicio
- Soneto 903 -
Un campo descarnado, ¡qué tristeza!,
qué pena ver un campo que no medra,
vestido solamente por
las piedras,
sin árboles que
enmarquen su belleza.
Allá donde la vista no
tropieza,
ni abate su arrogancia
ni se arredra,
allá donde no halla
hostal la yedra,
ni guía que conduzca su
cabeza...
Allá donde los árboles,
ausentes,
brillan, sí, mas sólo
por su ausencia,
donde el silencio se
hace omnipresente,
sin árboles que
estorben su presencia...
Allá donde los árboles
no sienten,
los hombres nunca
alcanzan la excelencia.
(nº 792. Jueves, 29 de Agosto 2002; a las diez de la mañana, en
Santander) inicio
- Soneto 904 -
Al ver un campo yermo, siento pena,
y noto cómo el alma se desgarra,
sin tregua el Sol las
tierras achicharra,
somete a la peor de las
condenas.
Hay campos que diríase
patenas,
pues, lisos, han perdido sus amarras
y el viento los araña
con sus garras
y al cabo los
transforma, sí, en arena.
Mi vello, si pudiera,
haría fronda,
para ofrecer asilo a las
cigarras
y amarras a la tierra,
lisa y monda.
Mis ojos, si pudiera,
haría jarras,
para que mi tristeza,
vieja y honda,
regara al bosque, tierna,
con su farra.
( 793. Sábado, 31
de Agosto 2002; a las diez de la mañana, camino del Sardinero) inicio
- Soneto 905 -