Jorge Mª
Ribero-Meneses
Los estadios del
alma
- Libro IV -
Cien
sonetos del alma
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Primera
redacción: Abril 2002
Segunda
redacción: Noviembre 2005
Los
diez libros que configuran esta obra,
Los
estadios del alma,
están todos ellos dedicados a su alma e
inspiradora,
María
Amparo Martín Abella,
destinataria de los Mil
Sonetos que la integran
y Musa más loada de la Historia de la Poesía
****
Venturosamente, todavía existen personas tan
profundamente
bellas como tú... y hombres, como yo, capaces de encerrar
en palabras toda esa inmensa belleza.
El hecho de tener que vivir nuestro amor
distanciados, que no distantes, me obliga a decirte por escrito lo que, si
estuviéramos cercanos, te diría con mis palabras y mis actos. Obrar así es
infinitamente más ingrato y más sacrificado, pero en cambio, los frutos de
nuestro amor -estos Sonetos- no se marchitarán como los actos amorosos por los
que ambos tanto suspiramos. Porque esos lances
pasan, pero estos versos quedan. Y quedarán para siempre, para deleite de tu
corazón cautivo y enamorado y también, de todas aquellas personas sensibles que
al leerlos y sentirlos, los hagan suyos.
Nuestro dolor, en suma, será caudalosa fuente de
amor para los demás.
****
Todos los seres humanos tenemos en nuestra
idiosincrasia valores y potencias positivos y
negativos. El ideal y la clave para alcanzar la madurez y la plenitud, se
encuentra en volcar todas las energías que se poseen en un objetivo o empeño
noble, constructivo, altruista y bello. En un objetivo ajeno a nuestros propios
intereses y a nuestro egoísmo. Cuando así se hace, cuando así se actúa, es
cuando el ser humano alcanza las más altas cotas de perfección, superando sus miserias y legando a sus
semejantes una obra o una labor encomiables y provechosas para el conjunto de
la sociedad, que trascienden en el tiempo y logran dejar una impronta
imborrable, contribuyendo, sin esperar pago o recompensa alguna, a que
La
misión biológica y social del hombre
-tanto
en la maternidad, como en el logro del placer
sexual, como en la conquista del progreso material,
en la evolución de la Ciencia, del Arte y del
Pensamiento
y en
los demás órdenes de la vida- ha sido siempre la de ofrecer su concurso a la
mujer, ayudándola a dar los pasos que ella,
por sus condicionantes y por su naturaleza, no puede. Todo esto honra al
hombre, al mismo tiempo que resulta bueno, enriquecedor y provechoso para
Jorge
Mª Ribero-Meneses
Los
estadios del alma
Cien sonetos
del alma
cien sonetos de ámbar...,
cien sonetos al alba...,
cien sonetos de amparo...,
cien
sonetos del alma...,
cien sonetos de amor...,
cien sonetos de mar...,
cien sonetos de umbría...,
cien sonetos de embrujo...,
cien sonetos en el umbral.
- Soneto 301-
Quiero moldear un verso diluido,
un soneto fluido cual torrente
y mi canto comienzo
felizmente,
el día en que tú vuelves
a mi lado,
con nuestro Purgatorio superado
y volviendo a ser mía
plenamente,
tras un mes de zozobra
permanente,
en el que nuestro amor
ha naufragado,
navegando sin rumbo ni
sentido,
a merced de las olas y
del viento
y sin que la tormenta
haya podido
echar a pique nuestro
sentimiento,
doliente, sí, pero jamás hundido...,
dolido, ¡ay!, mas nunca
sin aliento.
(lunes, 18
de Marzo 2002; a las siete de la mañana en Majadahonda; primer soneto de la
jornada y de "Cien sonetos del
alma"; lo he denominado Soneto
fluido porque todos los versos del
soneto fluyen como las aguas, sin
que ninguna pausa o hiato interrumpa, frene o detenga la fluidez de su curso) inicio
- Soneto 302 -
Cinco centenas iba a dedicarte,
dije que iban a ser sólo quinientos,
aunque ahora pienso que serán seiscientos,
los sonetos que logre modelarte.
Si seis centenas llego a consagrarte,
lo haré con humildad,
sin aspavientos,
pues un obrero soy que
en tus cimientos,
trabaja sin descanso
para honrarte.
Si crece así la cifra
de sonetos,
mi mérito no es en
absoluto,
pues a ellos consagro
mis asuetos
y con ellos mis ocios
yo disfruto.
Aunque lo que hace mi
placer completo,
es rendirle a mi Diosa mi tributo.
(lunes, 18 de Marzo 2002; a
las nueve de la mañana en Majadahonda) inicio
- Soneto 303 -
Mi corazón ha de seguir latiendo,
para poder cantarle a la
Belleza
pues el culto rendido a
la Pureza,
mi motor es para seguir
viviendo.
Mientras me reste un
hálito de vida,
a embellecerlo yo me
comprometo,
pues cultivar lo bello
yo prometo,
con devoción ferviente y
sostenida.
Vivir amando es vivir
creciendo,
consumiendo la vida con
grandeza
y al mismo tiempo
Sin el amor la vida es
una huida
que al hecho de vivir le
pone el veto;
pues muerto está, quien
de sentir se olvida.
(lunes, 18 de Marzo 2002; a
las diez de la mañana en Majadahonda) inicio
- Soneto 304 -
Al verte me deshago de ternura
y toda esa ternura que
destilo,
al solidificarse forma un hilo,
que a tu cuerpo me une sin holgura.
Ese hilo que produzco
con largura
y que así nos anuda, a
nuestro estilo,
al crecer de tal modo
busca un silo,
en el que almacenar su
desmesura.
El silo en que se
guarda mi ternura,
en tus entrañas lo has
edificado,
convirtiendo tu alma en hilatura,
donde se teje el paño
enamorado,
en taller donde se
manufactura,
la malla que nos tiene
así abrazados.
(lunes, 18 de Marzo 2002; a las doce de la noche y a las
cuatro de la madrugada del día 19, en Majadahonda) inicio
- Soneto 305 -
Tienes la piel y la mirada claras,
tan claras que parecen transparentes,
y a través de ellas veo claramente,
el fondo de tu alma pura
y clara.
Al contemplar la Luna
de tu cara,
siempre clara, feliz y sonriente,
me deslumbra su luz
resplandeciente,
tan amada por mí, tan
grata y cara.
Desde que estás en mí
mi vida es clara,
por el reflejo de tu alma
de cristal
y cuanto más te siento
más se aclara,
la herrumbre de mi alma
de metal.
Desde que vi, el cielo
de tu cara,
la penumbra de mi alma ya no
es tal.
(martes, 19 de Marzo 2002;
a las ocho de la mañana en Majadahonda) inicio
- Soneto 306 -
Qué delicioso es ver cómo renaces,
tras un mes de vivir en
la penumbra,
y aunque largo, ya el
día se columbra,
en que nuestro camino se rehace
y dejamos las trochas
montaraces,
en las que el alma raramente alumbra
y el cuerpo con disgusto
se acostumbra,
a discurrir por sendas
tan mendaces.
El tiempo me dará lo
que quisiere
y si no me lo da yo así
lo asumo,
pues si a mi amada yo
feliz la viere,
yo de su dicha habré de
hacer consumo.
Darle a mi amada todo
cuanto quiere,
tal es mi ley, que lo
demás es humo.