Jorge Mª
Ribero-Meneses
Los estadios del
alma
- Libro V -
Cien sonetos
de amor
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Primera
redacción: Mayo 2002
Segunda
redacción: Septiembre 2005
Los
diez libros que configuran esta obra,
Los
estadios del alma,
están
todos ellos dedicados a su alma e
inspiradora,
María
Amparo Martín Abella,
destinataria
de los Mil Sonetos que la integran
y Musa más loada de la Historia de la
Poesía
****
Venturosamente, todavía existen personas tan
profundamente
bellas como tú... y hombres, como yo, capaces de
encerrar
en palabras toda esa inmensa belleza.
El hecho de tener que vivir nuestro amor
distanciados, que no distantes, me obliga a decirte por escrito lo que, si
estuviéramos cercanos, te diría con mis palabras y mis actos. Obrar así es
infinitamente más ingrato y más sacrificado, pero en cambio, los frutos de
nuestro amor -estos Sonetos- no se marchitarán como los actos amorosos por los
que ambos tanto suspiramos. Porque esos lances
pasan, pero estos versos quedan. Y quedarán para siempre, para deleite de tu
corazón cautivo y enamorado y también, de todas aquellas personas sensibles que
al leerlos y sentirlos, los hagan suyos.
Nuestro dolor, en suma, será caudalosa fuente de
amor para los demás.
****
Todos los seres humanos tenemos en nuestra
idiosincrasia valores y potencias positivos y negativos. El ideal y la clave
para alcanzar la madurez y la plenitud, se encuentra en volcar todas las
energías que se poseen en un objetivo o empeño noble, constructivo, altruista y
bello. En un objetivo ajeno a nuestros propios intereses y a nuestro egoísmo.
Cuando así se hace, cuando así se actúa, es cuando el ser humano alcanza las
más altas cotas de perfección, superando
sus miserias y legando a sus semejantes una obra o una labor encomiables y
provechosas para el conjunto de la sociedad, que trascienden en el tiempo y
logran dejar una impronta imborrable, contribuyendo, sin esperar pago o
recompensa alguna, a que
La
misión biológica y social del hombre
-tanto
en la maternidad, como en el logro del placer
sexual, como en la conquista del progreso material,
en la evolución de la Ciencia, del Arte y del
Pensamiento
y en
los demás órdenes de la vida- ha sido siempre la de ofrecer su concurso a la
mujer, ayudándola a dar los pasos que ella,
por sus condicionantes y por su naturaleza, no puede. Todo esto honra al
hombre, al mismo tiempo que resulta bueno, enriquecedor y provechoso para
Jorge
Mª Ribero-Meneses
Los
estadios del alma
Cien
sonetos de amor
cien sonetos de ámbar...,
cien sonetos al alba...,
cien sonetos de amparo...,
cien sonetos del alma...,
cien
sonetos de amor...,
cien sonetos de mar...,
cien sonetos de umbría...,
cien sonetos de embrujo...,
cien sonetos en el umbral.
- Soneto 401 -
Cuando me faltas tú me falta el aire
y no puedo ni quiero
respirar,
mis pulmones se niegan a
aspirar,
un aire que no lleva tu donaire.
Pues ¿para qué vivir si
yo al socaire
de tus ojos no puedo ya
habitar,
si no puedo sentirte ni
besar
y el gozo de mi ayer es hoy desaire?
Tu ausencia paraliza
mis pulmones,
porque tú eres la sangre que
me inspira
y el corazón, privado de
tus dones,
lentamente su pálpito
retira,
presto a morir, hasta
que le perdones
y sea el tuyo, el aire
que respira.
(sábado, 13
de Abril 2002; a las cinco de la tarde en Santander; primer soneto de la
jornada y del 5º libro de "Los estadios del alma") inicio
- Soneto 402 -
Siempre Amparo
te amé con desmesura,
siempre te vi tan tierna
y tan hermosa,
que no concibo espíritu ni rosa,
que compita contigo en
hermosura.
Así te vi y mi visión
futura,
tan sólo ha de cambiar
en una cosa:
si mi pasión es hoy tan
caudalosa,
el tiempo irá aumentando
mi ternura,
en progresión constante
y fervorosa;
y un día llegará en que
al contemplarte
y ver cómo me miras
candorosa,
serán tales mis ansias
de abrazarte,
que alas y no piernas
perezosas,
le saldrán a mi cuerpo
para amarte.
(sábado, 13
de Abril 2002; a las ocho de la tarde en Santander; segundo soneto de la
jornada) inicio
- Soneto 403 -
Diré tantos elogios sobre ti,
que
incrédulo ante tantas
excelencias
y recelando incluso algo
de mí.
¿Será al cabo mi canto
frenesí
o desvarío atroz de mi
conciencia,
que ante el resplandor
de tu presencia,
para que entres en mí,
sale de sí?
Pensarán que eres sólo
una ficción,
que han forjado mis
sueños con paciencia
y que ha vivido en mi
imaginación,
cifrando en ello yo mi
complacencia.
Si dudan, que cuestionen
mi razón,
mas que no duden, no, de
tu excelencia.
(sábado, 13
de Abril 2002; al concluir mi trabajo, bastante más allá de la media noche; en
Santander, tercer soneto de la jornada) inicio
- Soneto 404 -
A Dios pongo, mi vida, por testigo,
de que soy
vehementemente tuyo
y de que exacerbadamente
bullo,
cuando a solas consigo
estar contigo.
Te amo tanto que no
vivo conmigo,
porque invariablemente
me rehuyo
y mi ser hace tiempo que
no es suyo.
De esto también, es Dios
mi fiel testigo.
Quererte será siempre
mi ventura
y que me ames, constituirá
mi orgullo,
mi orgullo y al tiempo
mi locura,
pues si para ser tuyo,
de mí huyo,
un día llegará en que mi
cordura,
también se irá de mí
tras tus arrullos.
(domingo, 14
de Abril 2002; a las ocho de la mañana, en Santander; primer soneto de la
jornada) inicio
- Soneto 405 -
Pues el tiempo da y quita la razón,
el tiempo ha de decir que este amor nuestro,
nació para algún día
hacerse vuestro
llegando a hacerse
vuestra su canción.
Si
me hará feliz saber que
he sido diestro,
y si no lo consigo es
que siniestro,
me habré mostrado al dar
mi corazón.
Las aspas del molino
que me mueve,
el manantial do mana mi ilusión,
se halla en la mujer que
me conmueve,
cuyo soplo fecunda mi
razón.
Las aguas de mi amada me
remueven:
ella pone la Gracia, yo
el tesón.
(domingo, 14
de Abril 2002; a las nueve de la mañana, en el Sardinero; segundo soneto de la
jornada) inicio
- Soneto
406 -
Fue en Burgos en un día de Febrero,
tú lo recuerdas bien, yo lo
recuerdo,
que un recuerdo tan bello no lo pierdo,
antes bien, revivirlo
sólo espero.
Junto a la Catedral que
yo venero,
en un mesón, sentados
frente a frente,
mientras corría el
tiempo lentamente,
tus ojos me gritaban: "¡yo te quiero!"
Y los míos, tu fuego
recibiendo,
ardían con la luz de tus
luceros.
Sopa y pollo estábamos
comiendo,
al tiempo que mi mano
su sendero,
trazaba por tu mano
discurriendo,
mientras mis pies
volvían por sus fueros,
bajo el mantel, tu
pálpito sintiendo.
(domingo, 14
de Abril 2002; a las dos de la tarde, en Santander; tercer soneto de la
jornada, con cuarteto final) inicio
- Soneto 407 -
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