Jorge Mª
Ribero-Meneses
Los estadios del
alma
- Libro VI -
Cien
sonetos de mar
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Primera
Redacción: Junio
2002
Segunda
Redacción: Marzo 2006
Los
diez libros que configuran esta obra,
Los
estadios del alma,
están todos ellos dedicados a su alma e
inspiradora,
María
Amparo Martín Abella,
destinataria de los Mil
Sonetos que la integran
y Musa más loada de la Historia de la Poesía
****
Venturosamente, todavía existen personas tan
profundamente
bellas como tú... y hombres, como yo, capaces de encerrar
en palabras toda esa inmensa belleza.
El hecho de tener que vivir nuestro amor
distanciados, que no distantes, me obliga a decirte por escrito lo que, si
estuviéramos cercanos, te diría con mis palabras y mis actos. Obrar así es
infinitamente más ingrato y más sacrificado, pero en cambio, los frutos de
nuestro amor -estos Sonetos- no se marchitarán como los actos amorosos por los
que ambos tanto suspiramos. Porque esos lances
pasan, pero estos versos quedan. Y quedarán para siempre, para deleite de tu
corazón cautivo y enamorado y también, de todas aquellas personas sensibles que
al leerlos y sentirlos, los hagan suyos.
Nuestro dolor, en suma, será caudalosa fuente de
amor para los demás.
****
Todos los seres humanos tenemos en nuestra
idiosincrasia valores y potencias positivos y
negativos. El ideal y la clave para alcanzar la madurez y la plenitud, se
encuentra en volcar todas las energías que se poseen en un objetivo o empeño
noble, constructivo, altruista y bello. En un objetivo ajeno a nuestros propios
intereses y a nuestro egoísmo. Cuando así se hace, cuando así se actúa, es
cuando el ser humano alcanza las más altas cotas de perfección, superando sus miserias y legando a sus
semejantes una obra o una labor encomiables y provechosas para el conjunto de la
sociedad, que trascienden en el tiempo y logran dejar una impronta imborrable,
contribuyendo, sin esperar pago o recompensa alguna, a que
La
misión biológica y social del hombre
-tanto
en la maternidad, como en el logro del placer
sexual, como en la conquista del progreso material,
en la evolución de la Ciencia, del Arte y del
Pensamiento
y en
los demás órdenes de la vida- ha sido siempre la de ofrecer su concurso a la
mujer, ayudándola a dar los pasos que ella, por sus condicionantes y por su naturaleza, no
puede. Todo esto honra al hombre, al mismo tiempo que resulta bueno,
enriquecedor y provechoso para
Nota:
Al pie de algunos sonetos
aparece reseñado un número en negritas.
Se trata del número de orden, real, cronológico, en el que los sonetos han sido
compuestos, con independencia de la colección en la que se integren y del número
definitivo que, condicionado por éstas, les he asignado.
Jorge
Mª Ribero-Meneses
Los
estadios del alma
Cien
sonetos de mar
cien sonetos de ámbar...,
cien sonetos al alba...,
cien sonetos de amparo...,
cien sonetos del alma...,
cien sonetos de amor...,
cien
sonetos de mar...,
cien sonetos de umbría...,
cien sonetos de amberno...,
cien sonetos de embrujo...,
cien sonetos en el umbral.
- Soneto 501 = DI -
Al leer quinientos
uno leo DI
y comprendo que tienes
que decirme,
cuánto bueno has tenido
que infundirme
para que en mí lo bello
crezca así.
Dime, sí, ¿por qué nunca
florecí
hasta que tú viniste a
sugerirme,
que intentase a tus ramas
adherirme,
para extraer lo hermoso
que hay en ti?
¿Qué ha sido lo que
tierna has hecho en mí,
para que yo retoñe exuberante
sobre el leñoso tallo que
ayer fui,
surgiendo de mis brotes,
abundantes,
las flores que yo creo
para ti,
y que ornarán tu ser en
adelante?
(sábado,
18 de Mayo 2002; a las doce de la noche en Majadahonda; concluido en Segovia el
día 19) inicio
- Soneto 502
-
Junto al mar conocí yo a una doncella,
que estaba paseando
solitaria,
llenando con su gracia
necesaria,
las soledades de la playa
aquella.
Al verla tan intensa me
fui a ella,
pensando en que mi dicha, algo
precaria,
podría en esa perla
extraordinaria,
hallar la luz soñada de
una estrella.
Al preguntarla cómo se
llamaba,
ella me respondió "Marián
Abella"
y a mí me pareció que
pronunciaba,
"me llamo, simplemente, Marabella".
Aquella maravilla me extasiaba,
pues era como el mar... ¡y era tan bella!
(sábado,
18 de Mayo 2002; a las cuatro de la tarde en Majadahonda; tercer soneto en el
día en que ella cumple 45 años, un día después que yo) inicio
- Soneto 503
-
Cuando me la encontré junto a la orilla,
pensé que aquella perla
era una estrella,
pues relucía tanto mi
doncella,
que estrella parecía y
maravilla.
Y entonces me fijé yo en sus
mejillas
y al ver sus ojos supe
que era ella,
que era ella en verdad la
estrella aquella
que mi alma había de ser
y mi bombilla.
¡Era tan tierna ella y tan sencilla
y me acogió en su concha
con tal celo,
que desde entonces vivo
de rodillas,
en su concha mis pies,
mi alma en el cielo
y el corazón prendido de
una hebilla,
a quien el cielo crea
aquí en el suelo!
(sábado,
18 de Mayo 2002; a las cinco de la tarde, en Majadahonda) inicio
- Soneto 504 -
Una nutria y un nutrio se juntaron
y muy pronto tuvieron
compañía,
pues al poco tuvieron
sendas crías
que a la nutria y al nutrio
se sumaron.
Pero los años, céleres,
pasaron,
y a medida que el tiempo
transcurría,
la nutria sin sus crías
se aburría
y sus suspiros tiernos se
apagaron.
El nutrio descuidó a su
compañera
y la nutria, ahíta y
desolada,
en soledad trenzaba su
quimera,
vagando por las aguas,
resignada;
hasta que un día, estando
en la pradera,
la arrebató un castor
con su mirada
y consiguió que, tierna,
le siguiera
y recrease el cielo en
su morada.
(lunes,
20 de Mayo 2002; a las nueve de la noche, en Majadahonda) inicio
- Soneto 505 -
Encarrilado
yo en tus piernas quiero,
vivir eternamente descarriado,
incurriendo
a diario en el pecado,
de acorralarme junto a tu trasero.
La vida corre, sí, por tu sendero,
en un carro de flores atestado,
que discurre por tu carril sagrado,
acarreando instantes placenteros.
Mis besos forman corro en tus linderos,
a la vez que recorren tus jardines,
descorriendo tu encanto por entero.
Mayo fluye por los escorrentines
y se escurre también por los aleros,